Libro III: La Comprensión del Nombre del Oscuro

Libro III: La Comprensión del Nombre del Oscuro
Obtenido en la cámara secreta de Investigaciones de Vinculación en Wardencliff

Antes de hablar de Nombres Verdaderos, debe señalizarse un error obvio de principiante. El Nombre Designado no es el Nombre Verdadero. El Nombre Designado supone la identificación de un individuo, ya sea por aceptación propia (sea o no con gusto) o por designación en la mentalidad de las masas. Así, tu nombre, o un apodo o incluso un insulto, puede ser tu Nombre Designado si tú sabes que con esa palabra se están refiriendo a ti. Incluso si no es así, si una forma de identificarte es una nomenclatura inequívoca para las masas, eso pasará a ser también un Nombre Designado. Este nombre es necesario para efectos mágicos como Recado o incluso Cautiverio y es suficiente para que un Poder puede detectarte al nombrarle. Pero no tendrá el poder de un Nombre Verdadero. Puedes seguir intentando llamarme por mi nombre, pedirme que te traiga el desayuno, y seguirá sin ocurrir.

El Nombre Designado forma parte del Nombre Verdadero, pero este va mucho más allá. Es identificar y describir una parte de la realidad con la capacidad de someterlo, manipularlo o dirigirlo. Es poder comandar el viento de los océanos, la lluvia del desierto, o a una persona, convirtiéndote en un maestro que impone sus decisiones. Casi la totalidad de las personas desconocen su propio Nombre Verdadero. Hacerlo significaría poder impulsarte a superar tus límites y llegar más allá de lo que nunca imaginaste. Conocer el de otra persona, puede suponer refrenarla en el menor de los casos, esclavizarla en el mayor de ellos.

Esta descripción de la realidad (de cualquier cosa) va por ello más allá de una palabra de nombre. El Nombre Verdadero de alguien es la unión de quien dice ser, de quien otros creen que es y de quien realmente es. Puede ser cualquier combinación de palabra, símbolo y situación. Y, a medida que la naturaleza de una persona cambia, también lo hace su nombre verdadero, por lo que llegar a conocerlo en un momento no es sinónimo de poseerlo perpetuamente. Específicamente, la mejor forma de romper la esclavitud de un Nombre Verdadero es ser capaz de convertirte en otra persona o hacer creer a los demás de ese cambio. Por todos estos motivos, para la alcanzar el fin de nuestra investigación, debemos entender la naturaleza del diablo con el que trataremos.

La orden de los Nueve Oscuros se creó por el diablo Cantrum, quien ahora forma parte de la historia de los acontecimientos más importantes de Baator, al ver la necesidad de establecer un mayor orden en el mando de los ejércitos infernales en las Guerras de Sangre para evitar que los intereses personales de la Nobleza Infernal jugase un papel autodestructivo en la guerra. La orden se estableció uniendo a los generales más poderosos de los ejércitos, uno al servicio de cada uno de los Lores de los Nueve y se estableciéndose en Nessus, el Noveno Círculo, desde donde se reunían regularmente para actuar de forma conjunta y coordinada. Allí responderían directamente ante Asmodeus, en lugar de sus Lores correspondientes, y su finalidad sería tanto determinar las acciones del Infierno en las Guerras de Sangre como actuar de intermediarios entre los caprichos de los Duques del Infierno y el resto de los diablos comunes.

La extensión del poder de los Nueve Oscuros se reveló claramente durante el fallido intento de derrocar a Asmodeus. En tal conflicto pudieron contener a los ejércitos, reorganizarlos y volverlos en contra de la Nobleza rebelde. Esto ha llevado a muchas hipótesis sobre la posibilidad de que Cantrum no tuviese la idea por sí mismo, si no que actuase siguiendo una misión para tomar control de la fuerza militar del plano y frenar e invertir una futura guerra civil. Muchas posibilidades de investigación han desaparecido ya que poco después de la rebelión, Cantrum fue asesinado y la historia de cómo ocurrió cambia con diferentes versiones. La más común habla de un paladín dirigiendo fuerzas celestiales, o quizá sólo con un pequeño grupo de aliados, que se adentró en Baator para recuperar el templo de Neheod que había sido tragado por el Infierno. Otras historias hablan de un asesino engañado por los demonios o incluso de un abishai que ocultaba su naturaleza. La falta de datos precisos hace que se requieriese una investigación a fondo, pero es la propia descendencia de Cantrum quien impide que pueda profundizarse en el asunto y acaba con cualquiera que intente desenterrar algo de información: Mordukhavar el Segador, dragón de sangre infernal, vástago del primer Oscuro y la previa Regente del Primero. El único dato en el que coinciden las versiones es que el arma que acabó con diablo es conocida como la Daga de Ra-than y ahora es considerado un artefacto sagrado entre los baatezu.

La orden no reemplazó a su líder, sino que cambió su nombre a los Ocho Oscuros. Lo convirtieron en una lección del asesinato y se protegieron contra la violencia secreta y las intrigas que caracterizan a la sociedad diabólica. La realidad es que muchos de los actuales Ocho Oscuros no son los miembros originales (sólo dos se mantienen). Haciendo parecer que sus miembros son ahora invencibles, simplemente se renombra a un nuevo diablo de la sima con uno de los nombres de los fundadores originales cuando el puesto queda vacante. El único asesinato que se ha admitido públicamente es el de Cantrum.

Los ahora Ocho Oscuros afianzaron en cada uno de los primeros ocho círculos su poder sobre las legiones del Infierno que comandan y tienen como base de operaciones el palacio de Malsheem en el Noveno Círculo. Para reforzar su actuación conjunta, se les otorgó una responsabilidad específica, llamada Denominación, con el fin de que el poder de cada uno de sus miembros estuviese al tiempo supeditado a que los demás cumpliesen sus responsabilidades igualmente:

Espionaje: Esta Denominación es responsable de recopilar información en beneficio del Infierno, asegurar que las fuerzas de Baator no sean cogidas por sorpresa y "corrigen" la información que reciben los enemigos del Infierno en relación con la Guerra. Sus espías están incluso infiltrados incluso entre altos rangos de los celestiales, los yugoloth y las fuerzas demoníacas. Dirigidos por el Maestro de Espías Corin.
Diplomacia Inmortal: Encarga de establecer y mantener relaciones de alianza con otros grupos inmortales en beneficio del esfuerzo bélico del Infierno. Desde aquí se establecen todo tipo de uniones aún con otras partes que podrían parecer imposibles, como seres angelicales, espíritus axiomáticos, agentes de los Yermos Grises o incluso el Abismo. Aunque principalmente se tratan de alianzas de interés, también se han conseguidos acuerdos basados en la omisión de acción y, más discretamente, se han manipulado a múltiples enemigos externos para volverles unos contra otros. Dirigidos por el Embajador de Diplomacia Infernal Zapan.
Moral: Esta Denominación no sólo se esfuerza por mantener a los diablos y guerreros asociados en niveles máximos de rendimiento físico, psicológico y espiritual, sino que distribuye desinformación a los mundos y planos para manipular a los no iniciados a asumir como inevitable y legítimo el lugar del Infierno gobernando el multiverso. Asegurar este comportamiento lo alcanzan por cualquier medio, ya sean recompensas, alagos, amenazas, tortura o castigos de ejemplo. Dirigidos por la Consejera de Moral Zimimar.
Relaciones Mortales: Encargada de reclutar y mantener relaciones de interés con los mortales en lo que respecta a los esfuerzos de la Guerra. Esto supone encontrar individuos destacables con inmenso potencial a los que corromper o alinear sus actos según los intereses del Infierno, pero también encontrar a los líderes que, inflamadas sus aspiraciones, podrían provocar la llegada de un torrente de almas arrastradas al Infierno. Dirigidos por el Embajador de Relaciones Mortales Furcas (uno de los dos únicos miembros que formaron parte de los Nueve Oscuros).
Promoción: Además de controlar el rendimiento de todos los diablos y supervisar la comunicación entre las distintas líneas de la Guerra, esta Denominación también influye en la toma de decisiones sobre la transformación de diablos en rangos superiores, o su involución. Esto lleva a que muchos diablos, aún no teniendo una relación directa con las Guerras de Sangre, busquen granjearse su favor. Pero también ha llevado al mayor número de represalias y conspiraciones de traición, lo que ha supuesto un gran número de reemplazos en su líder. Dirigidos por el Canciller de Promociones Zaebos.
Investigación: Esta Denominación desarrolla nueva magia y tecnología para aplicar a las Guerras de Sangre, pero también son expertos en el arte de la interrogación, sabiendo cómo mezclar tortura con manipulación o desinformación psicológica. Sería un error pensar que su actividad en la Guerra se reduce a destruir demonios, pues también tienen como fin mejorar las herramientas con las que influyen en la reeducación del multiverso. Dirigidos por la Jefa de Investigación Pearza.
Estrategia: Se trata de la rama oficial de armas de las fuerzas del Infierno, dirigiendo a los generales de cualquier rango de Nobleza Infernal, a pesar de los conflictos de jerarquía que esto pueda acarrear. Su vista se dirige a cualquier enemigo de los objetivos del Infierno, lo cual incluye también a diablos que participaron en la fallida rebelión y aún temen el momento en que la retribución caiga sobre ellos. Dirigidos por el Mariscal de las Fosas Dagos.
Suministros: Los diablos de esta Denominación supervisan la asignación de todos los abastecimientos y recursos necesarios para las Guerras de Sangre, así como de proporcionar transporte a través de cualquier territorio, sea en el Infierno u otro lugar. Esto hace a sus diablos expertos en movilidad para crear o romper asedios y sobreponerse a la superioridad numérica de sus enemigos. Dirigidos por La Maestra de Suministros Baalzephon (una de los dos únicos miembros que formaron parte de los Nueve Oscuros).

Cada uno de estos Ocho Oscuros tiene una naturaleza y una posición que son una excepción entre todos los demás diablos. No forman parte de la Nobleza Infernal, pero tienen autoridad para imponerse a esta en sus competencias. Aunque son diablos de la sima, han evolucionado y crecido de tal manera que, aún sin la promoción a Duques del Infierno, tienen el poder de estos (y para nuestra futura práctica de convocación, se requerirá tratarlos como tal). Esta jerarquía excepcional ha creado situaciones de claro conflicto por la complejidad y ambigüedad de mando. Por ejemplo, la principal responsabilidad de Bael, Lord del Primero, es dirigir los ejércitos del Infierno contra las hordas demoníacas, lo que sitúa a los Ocho Oscuros bajo su control nominal. Sin embargo, Bael debe a su vez responsabilidades a los Ocho Oscuros, pues de forma particular es uno de los nueve generales directamente bajo el mando de Dagos, Mariscal de las Fosas. He podido ratificar que el segundo Dagos fue inmediatamente exterminado por el propio Bael al poco de su nombramiento por este preciso conflicto.

El diablo Furcas es uno de los dos miembros originales miembros de los Nueve Oscuros. Inicialmente alto rango en la Corte de Dis, destacó por primera vez en reconocimiento y dio su primer paso de evolución de diablo de la sima en la batalla de los Campos de Laurel de Malebolgia al expulsar una horda invasora de demonios. Se diferenció de otros diablos buscando almas selectas a las que corrompen en lugar de buscar simplemente un mayor número y sus éxitos le llevaron a ser uno de los primeros diablos seleccionados para unirse a esta nueva orden. A pesar de la longevidad de este título, siglos observando y estudiando el arte de la traición le han permitido eliminar a cada diablo dispuesto a "retirarle" del servicio.

El Embajador de Relaciones Mortales esgrime como arma primaria su extenso conocimiento de la ambición, los ideales y el orgullo de los mortales. En caso de ser necesario, su siguiente modus operandi es crear situaciones de vulnerabilidad y desesperación que provoque que su víctima se vea acorralada y esté dispuesta a llegar más lejos de lo que debería o actuar sin tener oportunidad de entender qué trato está cerrando.

Furcas es quizás el más singular de los Ocho Oscuros, ya que sus funciones se solapan con los intereses del Archiduque Dispater, Señor del Segundo, y Su Alteza Infernal la Princesa Glasya. Furcas utiliza a sus operativos en la Denominación Infernal para llegar a acuerdos con mortales para que ayuden directamente en la Guerra de Sangre (ya sea mediante engaños, corrupción, extorsión o intriga) implicándoles de forma directa o indirecta en sus fines. Por el contrario, Dispater y Glasya tienen interés de forma directa en estos individuos y utilizan sus fuerzas diabólicas con el propósito de condenar almas directamente al Infierno en lugar de a las Guerras de Sangre. Ciertamente, Furcas estuvo una vez en la Corte de Dispater y es probable que confíe en la inacción de su antiguo amo para hacer su trabajo.

En el Infierno, aun no siendo el más poderoso entre los Ocho Oscuros, tiene el potencial de ser de los más peligrosos debido a la flexibilidad de sus poderes y a la capacidad que tiene de crear fanáticos condenados a servirle por medio de contratos de ligadura. Sin embargo, una minoría de altamente posicionada cuestiona el intelecto de Furcas debido a sus repetidas negativas de vender su conocimiento a la Nobleza Infernal o su tendencia a obsesionarse con mortales específicos a los que busca poseer. Crea para ellos extensas redes de almas ligadas que no tienen un uso específico y simplemente acumula como recursos en busca de alcanzar su preciado trofeo. Mi contacto con el diablo podría haber sido mucho más problemático si no me hubiese dado tiempo a reaccionar, pero actualmente parece ofuscado por dos objetivos que nublan su visión: obtener un alma ascendida, antaño de un mortal, a la que el Príncipe Oscuro del Abismo Graz’zt ha puesto precio, pero parece poco probable porque supondría arrancarle un activo al Lord del Octavo. Y apoderarse del mortal que ha creado una ligadura con la Reina de la Corte Invernal, lo que podría suponer introducir los ejércitos de una fuerza planar totalmente nueva en las Guerras.

Si el diablo prospera en cualquiera de estas dos gestas, tendría asegurado un puesto entre la Nobleza Infernal de Dispater, esta vez con el título de Duque de la Retórica. Su actual poder previo a una promoción, unido a su red de almas atadas, podrían convertirle directamente en un Archidiablo con capacidad de actuación independiente. Hecho que tiene a otros Duques y Lores preocupados (y que debería preocupar igualmente a Dispater si no estuviese demasiado ocupado no importándole lo más mínimo).

Entre los Ocho Oscuros, Furcas trabaja en estrecha colaboración con el Embajador de Diplomacia Infernal Zapan. En ocasiones algunos objetivos a los que tenía vigilados Furcas han llegado tan lejos que han acabado ascendiendo pasando a ser competencia de Zapan. Está acostumbrado a las intrigas que plagan a los otros Oscuros ya que ha servido en el consejo más tiempo que la mayoría, a excepción de Baalzephon, y eso le ha permitido actuar más conjuntamente a los demás miembros de la orden. En concreto, su relación con Baalzephon es extrañamente de camaradería y cercanía. Furcas permite a Baalzephon tomar la iniciativa en cuestiones de política entre los Oscuros, sabiendo que si él tiene un interés particular ella sutilmente consentirá su posición. Los demás temen a Furcas por su influencia y conocimiento. Si su aspiración para convertirse en Archidiablo prosperase, definitivamente se acabaría cualquier intento por traicionarle y, una vez ascendido, su conocimiento de los Ocho Oscuros le pondría en una posición de privilegio para socavar sus actos y ganar él mayor independencia. Si se está urdiendo algún último plan para acabar con él, bien sería este el momento de ponerlo en marcha. Aún así, Zapan espera ver triunfar a Furcas, ya que planea aprovechar su salida para fusionar en uno los dos ámbitos de diplomacia infernal duplicando de facto su poder y capacidades. Hasta que ese momento llegue, o sea definitivamente retirado, Furcas sigue siendo uno de los seres no divinos más influyentes del multiverso. Su capacidad de vincular a mortales de todo tipo de creencias y devociones hace que incluso los dioses menores tiemblan cuando oyen que está reclutando.

Furcas es un diablo de la sima especialmente alto, demacrado y sombrío. Su cabeza está rodeada de muchos cuernos entrelazados y teñidos de verde, dando la impresión de una gran corona de laurel. La mayoría de las veces, Furcas aparece como un anciano y sabio vidente con porte orgulloso vestido con una sencilla túnica verde. Ya sea en su forma mortal o natural, los ojos de Furcas brillan con un amarillo apagado. En su orgullo considera que sólo corren aquellos que están desesperados o cegados, por lo que siempre se mueve caminando, deslizándose con magia o teleportándose. Oh, mi aún novato aprendiz. A ti te parece una curiosidad extravagante, cuando en realidad esta altivez me ha permitido sospechar de más de un individuo que posiblemente se tratase del diablo transformado. Le identifica el símbolo de un libro abierto en un campo de laureles con tierra roja sobre el que se dibuja una pluma de escriba y un triángulo negro invertido.

Durante una convocación, Furcas requiere que el invocador esté dispuesto a entregarse de forma personal, por lo que el componente a sacrificar para la llamada se debe pagar laurel y sangre o vergüenza. El conjurador debe añadir una corona de laurel a la invocación e impregnarla con su propia sangre reduciendo al menos la tercera parte de sus PGs máximos, pudiendo sacrificar más si desea reforzar la llamada. Si no es un necio redomado habrá investigado las consecuencias de este acto, pues cada 9% del total de sangre ofrecido, el invocador sufrirá 1 punto de daño de Voluntad (por cordura) a la llegada del diablo. Se puede evitar este daño cambiando la sangre ofrecida, pero en este caso deberá suponer el 100% de los PGs de una persona querida por el invocador o el 100% de la sangre de un familiar (del que no importará para nada el aprecio que pueda tenerle). La alternativa al pago en sangre es quemar sobre el laurel un libro escrito de puño y letra por el invocador en el que haya plasmado la historia de su vida. Estas memorias sólo serán válidas como sacrificio si contienen al menos tres secretos que nadie más conoce y que supondrían una vergüenza para el invocador su conocimiento público. Como en ocasiones me sorprende tu credulidad, dejemos asegurado que el libro quemado no se perderá y pasará a ser conocimiento de Furcas.

El laurel es una realidad de la naturaleza de Furcas, desde lo que le convirtió en lo que es, el símbolo de regencia que porta y elemento inalterable en su llamada. Por ello no debe sorprendernos que forme parte de su Nombre Verdadero. Unido al Nombre Designado y a su nombre completo, elemento privado que mantiene desconocido. Junto a aquello en lo que se ha convertido, llegamos a la conclusión del Nombre Verdadero: Furcas Laurenat de los Ocho Oscuros de la Denominación de Relaciones Mortales. Conocidas estas palabras, quien busque ostentar el poder sobre el diablo deberá pronunciarlo (en realidad, conociendo la totalidad de las palabras sólo es necesario pronunciar Furcas Laurenat) estando en contacto con una corona de laurel que el propio Furcas haya otorgado como trofeo, estando esta íntegra o pulverizada (para asegurar su acceso, este componente ya se ha conseguido y lo he utilizado para encuadernar el volumen de invocación).

Esta investigación no debe llevarnos a creer que ahora está en nuestras manos el dominio sobre un Poder. No es tan sencillo. Nunca es sencillo, por eso es interesante. Tener los medios para plantarle cara a un torrente desbordado no significa que no vayas a ahogarte si simplemente te pones delante. Tener un Nombre Verdadero y controlar o someter un Nombre Verdadero son hazañas totalmente diferentes, más aún para la escala que estamos tratando. Pero no necesitamos dedicar una vida a dominar este nombre, ya que nos será suficiente con utilizarlo en la llamada del ritual de convocación que ya hemos detallado en el anterior escrito pues eso permitirá tener los medios de romper cualquier obligación que pudiera imponernos esta entidad cuando la demos acceso a nuestro mundo y procedamos con la ligadura.

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