Relatos de NdE: Prólogo

El Prólogo de Dorvaal: Los primeros pasos de los futuros héroes

¡Oh, escuchad viajeros! Soy Lyn Cantamundos y hoy os relato la historia de los huérfanos de Dorvaal, aquellos niños que desafiaron la oscuridad y cuyas acciones, incluso desde tierna edad, marcaron el destino del reino de Aebryn.

En el apacible poblado de Dorvaal, bajo el amparo del noble Calaís Mendelson, caballero de los Emisarios de las Estrellas, y su esposa Brittien, pintora de alma apasionada, creció un grupo de niños adoptados, cada cual más singular. Rescatados por Calaís durante sus viajes, estos hermanos compartían poco más que el techo y el amor incondicional de sus padres adoptivos, pero juntos formaron un lazo inquebrantable.

Estaba Thiago, un joven alto y atlético, siempre sonriente, con un amor por las alturas y una valentía precoz. Junto a él, Kirian, un halfling gentil, cuyo corazón generoso a menudo ocultaba sus propios deseos. Serena, enigmática y reservada, con su fiel muñeca como confidente, despertaba inquietud y curiosidad por igual entre quienes la rodeaban. Por último, Rex, la mayor, fuerte y protectora, cuya confianza sólo dudaba al pensar en el peligro que pudieran enfrentar sus hermanos.

La primera gran aventura de estos jóvenes ocurrió cuando rumores sobre ganado desaparecido sacudieron Dorvaal. Contra las advertencias de los adultos, la curiosidad y el deseo de ayudar los llevaron a explorar las granjas cercanas. En los pastos del viejo Deros, encontraron agujeros profundos que susurraban un misterioso lamento bovino desde las sombras. Sin dudarlo, se adentraron en las entrañas de la tierra.

Allí, en las grutas oscuras, lucharon con valor infantil contra un enjambre de murciélagos, improvisando armas con ramas y piedras. Al final del túnel, descubrieron la guarida de un ankheg, una bestia temible y hambrienta, debilitada por el fracaso de alimentar a sus crías, que yacían muertas. Con esfuerzo y astucia, los hermanos lograron vencer a la criatura y salvar la última vaca desaparecida. Sin embargo, la victoria estaba teñida de una amarga comprensión: el ankheg no era malvado, sólo desesperado.

Regresaron como héroes, pero en Dorvaal, la sombra de los Emisarios de las Estrellas caía sobre ellos. Los caballeros, enviados por los rumores del ganado perdido, felicitaban a los niños con sonrisas tensas mientras los padres adoptivos de los hermanos, Calaís y Brittien, parecían inquietos, cruzando miradas sombrías con los emisarios.

Esa misma noche, el destino golpeó cruelmente. A la mañana siguiente, Calaís y Brittien no despertaron. Habían sucumbido al misterioso mal conocido como el Ensueño, un sueño del que nadie retorna. En su lecho descansaban en paz, pero su condena era ineludible. Bran, el leal soldado de Calaís, tomó la decisión que nadie quiso tomar: liberar sus almas del sufrimiento.

El Ensueño no sólo arrebató a sus padres, sino que fragmentó la unidad de los hermanos. Serena, atraída por el legado de los Emisarios, partió con Lysendra, aprendiz de Calaís, para entrenarse en la orden. Los demás niños fueron enviados a nuevos hogares, separados y marcados por la tragedia.

Así terminó la infancia de los hijos de Dorvaal, pero también comenzó la forja de héroes. Separados por las circunstancias, pero unidos por un lazo invisible, juraron que sus caminos volverían a cruzarse. Y aunque el futuro estaba envuelto en incertidumbre, los ecos de su primer desafío resonarían en los años venideros.

Siete años pasarían antes de que el destino los reuniera nuevamente. Y cuando lo hiciera, Aebryn jamás sería igual...

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