Serena - Sueños de luz y sombra

Sueños de luz y sombra


El eco de sus pasos resonó en la sala diáfana, que dilataba el ligero roce de sus pies descalzos como el murmullo de un corazón moribundo en el costillar vacío de un gigante.

Hacía ya mucho que no era una niña y sin embargo sentía la misma timidez reverente con la que se había acercado a su padre adoptivo, tantos años atrás. Se había ganado el derecho a ser considerada toda una mujer, pero en su interior sabía que a los ojos de la deva, solo era una criatura.

- Amesa - pronunció despacio, con respeto - siento irrumpir en vuestra sala. Me preguntaba si dispondríais de unos minutos para mi.

El semblante perfecto de esfinge de la celestial apenas se alteró. Verlas juntas causaba cierto desasosiego, debido al parecido antinatural de sus rasgos pálidos como escarcha invernal. Sus ojos como pozos negros apenas se entrecerraron un poco antes de que la imponente deva asintiera y la invitara a acercarse con un gesto de la mano.

Serena se acercó presta. Se había librado de la armadura y vendado sus heridas. Ahora todos dormían pero aparentemente ella no podía conciliar el sueño. Al acercarse a la imponente figura tragó saliva y trató de que su voz sonase firme.

- Lamento molestaros. No puedo dormir... Los combates me han dejado agotada pero... Creo que necesito hablar con vos. Apenas me conocéis pero quizás por vuestra... condición... - Hizo una pausa mordiéndose el labio. Desde luego, parecía de nuevo una niña hablando con su preceptora religiosa. Hizo un esfuerzo por mostrar aplomo y miró a la celestial a los ojos. - Busco vuestro consejo.

Amesa entrecerró un poco mas los ojos y sus alas de cuervo tremolaron en su espalda. Por fin asintió y mostró con su mano el lugar donde los fieles de Igrid habían tendido para ella unas mantas y un puñado de cojines viejos. Ambas se sentaron en el suelo con las piernas cruzadas. Incluso en esa postura, la deva sacaba a Serena mas de una cabeza, y debía alzar la barbilla para mirar sus rostro mientras hablaba.

- Hace mucho, mucho tiempo que no tengo ocasión de buscar el consejo de otro servidor de un poder del bien. No abundaban en donde fui educada, y son aún mas raros los de mi propio credo: Se que soy muy joven y carezco de experiencia para manejar... algunos de mis desasosiegos. Por eso, conoceros a vos es para mi un regalo por el que me siento honrada.

Inclinó la cabeza y la celestial le devolvió el gesto con una chispa de curiosidad en su mirada. Serena se tomó un instante, buscando dar forma a sus pensamientos. Inspiró y después dejó salir el aire lentamente.

- Sueño - dijo al fin - sueño cada noche desde que tengo uso de razón. Son sueños vividos y poblados de sombras, en los que se mezclan retazos de mi infancia que apenas recuerdo con las voces de los muertos. Se que están relacionados con mi don... a veces despierto y las voces me siguen susurrando en las horas de vigilia posteriores. Cuando era una niña, pensaba que me hablaban mis juguetes. Los animales. Los arboles. - Sonrió, pero fue algo fugaz y triste que se esfumó a retomar su discurso. - Con el tiempo y el estudio he comprendido que su origen es completamente diferente.

Hizo un gesto con la mano al tiempo que pronunciaba una palabra de sonidos musicales, y uno de los cojines se alzó en el aire, girando con hipnótica lentitud. Flotó hasta la mano tendida de Serena, que se limitó a rozarlo con las yemas de los dedos frente a la ceja enarcada de su interlocutora.

Con un ademán, el sencillo conjuro cesó. Pero el cojín no calló al suelo.

Como si dos ávidos sabuesos invisibles hicieran presa de el, el objetó fue zarandeado en el aire al tiempo que una súbita brisa envolvía a ambas. Era un viento tenue y frío, como el de una mañana de primavera, que arrastraba susurros argénteos. Solo duró un instante. Después el cojín calló finalmente al suelo... a dos metros de Serena.

- Siempre ha sido así. - Repuso ella. - Siempre me han acompañado. No se que, o quienes son, si es que son entes conscientes. Pocas veces entiendo lo que dicen, salvo palabras sueltas. Ideas. Mensajes. A veces, lecciones. Duermo, y cuando despierto las voces me han enseñado algo nuevo. Se que debería sentir miedo, pero forma parte de mi desde que me encontraron sola siendo una niña. Sola en mitad de un campo de nieve, llorando lagrimas de sangre. Sin huellas a mi alrededor. Ese recuerdo... aparece muchas veces en mis sueños. Siempre se esfuma entre un torbellino de ceniza negra. Otras veces parecen hojas de los árboles que rodean el claro, volando enloquecidas a mi alrededor. Y otras... plumas. Plumas negras.

Sus brillantes ojos azules se cruzaron de nuevo con los de la deva. Buscando su reacción. Pero el ser milenario se mostró hierático en su curiosidad. Se limitó a invitarla a proseguir con un gesto de la mano.

- Se que soy diferente. Y no es solo por mis dones. El color de mi piel, y de mi cabello. Mis ojos, que muerden la oscuridad como si no existiera. Y mi fe. Mi diosa de dos caras... Durante muchos años enterré todas las preguntas al respecto porque decidí unirme a una organización donde mi singularidad habría sido tomada con suspicacia. Siempre apreciaron mis dones y mi magia, pero también han preferido ignorar... o eso me parecía siempre... su origen. Yo solo quería sus secretos, así que durante años fui la recluta perfecta. Hasta ahora.

Inspiró de nuevo y alzó sus manos. Frunciendo el ceño, se concentró y casi de inmediato su frente se perló de sudor. Trémula y juguetona, una lágrima perfecta, de un brillante color escarlata, rodó por su mejilla. Y las palmas alzadas comenzaron a brillar.


La mano derecha con un cálido fulgor blanquecino, como la luz de una tarde de verano, cálida y pura. La izquierda, con un trémulo brillo rojizo, como el ultimo estertor de un atardecer de invierno. Las voces se agitaron alrededor de ellas mientras el cabello de Serena se agitaba débilmente, movido por un viento invisible. Hasta que cerró los puños y todo cesó.

- Yo soy una con la luz de mi diosa desde que tengo uso de razón. Ella esta en mi antes de que mi primera preceptora me hablase de los dioses. Y en su nombre amo llevar vida a todas las cosas. Esa es mi elección. Sin embargo... siempre he sabido que había otra puerta cerrada a mi alcance. A veces siento que las voces me susurran desde el otro lado de esa puerta. Y en sueños me animan a abrirla por completo, y a aceptar la verdad. Que también soy oscuridad y muerte.

Hizo una pausa para enjugarse la lágrima sangrienta y contempló la marca carmesí en la palma de su mano.

- Con el tiempo he aprendido a aceptar esa otra parte de mi, y a usarla cuando ha sido necesario. A dejar... entreabierta la otra puerta. Asumo que es tan mortífera como la punta de mi lanza cuando la hundo en la carne de los vivos, y nada mas. Quisiera sentir tristeza, como mi hermano Thiago, cuando combato y tomo vidas. Muchos de mi credo piensa de ese modo. Pero no es así en mi caso. Es algo mas parecido al... júbilo. Y cuando todo termina y el suelo esta lleno de muerte, mientras atiendo las heridas de los vivos, es cuando siento el azote de la culpa. Y no se siquiera si debo sentir miedo, o si es posible que me este corrompiendo poco a poco. O si simplemente debo aceptar lo que soy. Una moneda de dos caras... por mucho que quiera que solo brille una de ellas.

Alzó de nuevo la mirada con semblante sombrío, y cansado. Como si confesarse de alguna manera la hubiera agotado por completo.

- Y por eso busco vuestro consejo, señora. ¿Que soy? ¿Que debo hacer con mis dones? ¿Que son las voces que me acompañan? ¿Soy... una amenaza para los que amo? Y... - hizo una larga pausa - ¿por que... por que nuestro semblante es tan... parecido?

Las preguntas quedaron suspendidas en el aire entra ambas





Comentarios

  1. Qué fantástica es Serena. Ahora habrá que ver cómo será su futuro cuando acepte el abrazo de la oscuridad...

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